

El 22 de Enero de 2025, la Iglesia Presbiteriana Emanuel d Quito realizo su servicio de Miercoles. El servicio contó con la visita especial de un miembro del compañerismo Young Discipline (YD), quien se unió a la comunidad para compartir en la adoración y la palabra de Dios.
El Lider Israel Mendoza compartió la palabra de Dios a través de Marcos 11:12-14. En este texto vemos cómo Jesús, al tener hambre, se acerca a una higuera esperando encontrar frutos. Sin embargo, al no hallarlos, la maldice diciendo que nadie jamás coma de ella. Este acto, aunque aparentemente severo, lleva un mensaje profundo. La higuera representa a la iglesia, a nosotros como creyentes. Si nuestras vidas no están dando frutos, Jesús no puede deleitarse en nosotros. Por lo tanto, es necesario que el fruto del Espíritu sobreabunde en nuestras vidas.
Aunque el relato menciona que «no era el tiempo de higos», Jesús aún esperaba frutos. Este ejemplo nos enseña que no podemos vivir justificándonos diciendo que «aún no es el tiempo» para cambiar. A menudo, pensamos que más adelante mejoraremos o que el cambio llegará gradualmente, pero esta mentalidad puede ser una mentira que nos aleja de la voluntad de Dios.
Dios no nos llama a esperar un tiempo específico para transformar nuestras vidas. Su deseo es que comencemos a dar fruto ahora. Como señala Su palabra, si hemos probado de la gracia de Cristo y le conocemos, debemos caminar anhelando hacer Su voluntad. Su voluntad es que tengamos el fruto del Espíritu en todo tiempo. No se trata de algo que debamos postergar, sino de algo que debe reflejarse en nuestras vidas hoy y siempre.
El fruto del Espíritu, según Gálatas 5:22-23, se manifiesta en amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. Estas virtudes deben estar presentes continuamente en nuestras vidas para que Cristo pueda deleitarse en nosotros. Recordemos que todo árbol que no da buen fruto será cortado (Mateo 7:19).
Que nuestra oración y propósito diario sea dar frutos dignos que glorifiquen a nuestro Señor, porque no hay leyes que limiten el fruto del Espíritu. ¡Amén!