
En la segunda charla del retiro de Pentecostés, un momento profundamente bendecido se caracterizó por un ambiente de adoración, enseñanza transformadora y comunión entre las naciones. Líderes de la Iglesia Presbiteriana Emanuel de Ecuador y Panamá, junto con el potencial misionero Javier Granda, se reunieron para un día donde la presencia del Espíritu Santo fue evidente y poderosa.
La charla central estuvo a cargo del líder Eslef Cheme, quien compartió un mensaje basado en Hechos 2:14-21, donde el apóstol Pedro se presenta ante la multitud después del descenso del Espíritu Santo, proclamando el cumplimiento de la promesa de Dios.
Pedro: De temeroso a valiente testigo. El líder dirigió a la congregación en una profunda reflexión sobre la transformación de Pedro. Aquel que una vez negó a Jesús, ahora, lleno del Espíritu, se levanta con valentía para predicar el evangelio con poder y claridad. Este cambio radical fue el resultado directo del derramamiento del Espíritu Santo, demostrando que cuando Dios llena a alguien, su pasado no importa: se convierte en un instrumento útil para el Reino.
«Pedro no fue transformado por emociones ni motivaciones humanas, sino por el poder del Espíritu que lo capacitó para ser testigo de Cristo», enfatizó Eslef.
Basándose en el mensaje de Pedro, Eslef enfatizó que el Espíritu Santo no es exclusivo de unos pocos, sino que ha sido prometido a todos los que creen, sin importar edad, género o condición social.
«Dios ha derramado su Espíritu sobre toda carne. Esto significa que hoy tú también puedes ser lleno, hablar con autoridad, profetizar, enseñar y consolar».
El Espíritu no solo transforma vidas individuales, sino que también edifica la Iglesia, equipa con dones y activa a los creyentes para vivir y predicar con poder.
Reforzando las palabras de Jesús en Hechos 1:8, se enfatizó que todo creyente está llamado a ser testigo de Cristo, no solo en tierras lejanas, sino comenzando en su entorno inmediato.
«Comienza donde estás: en tu hogar, con tu familia, en tu comunidad. La misión no se delega, se vive».
El mensaje concluyó con una de las declaraciones más poderosas del Evangelio: «Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo» (Hechos 2:21). Una clara invitación a entregar el corazón, a buscar a Dios sin reservas y a recordar que la salvación está al alcance de todos los que creen.
El encuentro fue un claro reflejo de la unidad del Cuerpo de Cristo, donde diferentes culturas y acentos se unieron bajo la misma fe y el mismo Espíritu. El Retiro de Pentecostés continúa dejando una profunda huella espiritual en cada asistente.
«El mismo Espíritu que llenó a Pedro está disponible para ti hoy. No mires tus limitaciones; solo cree, pide y actúa. ¡Dios quiere usarte!» El líder concluyó.
Escrito por: Allison Parra / Editado por: Sol Puerta